Tengo delante una hoja en blanco; una oportunidad de decirte lo que siento, y lo primero que se me viene a la
cabeza es una pregunta: “¿Por qué? ¿Por qué haces eso? ¿Por qué te comportas así? ¿Quién te dijo que yo era una
posesión tuya? ¿Dónde han quedado tus promesas de que me ibas a cuidar, a amar, a respetar?”
La primera vez que me gritaste no me creía lo que me estaba pasando; no me creía que me estuviera pasando a mí, y decidí ignorarlo. Ahora comprendo que fue un craso error: simplemente te dio pie para envalentonarte más, para creer que ya podías hacer conmigo lo que quisieras. Cuando los gritos pasaron a ser diarios, acompañados de gestos de desprecio, ya no vi salida a la situación. Empecé a tener pánico… ¿Sabes lo que es vivir con pánico? ¿Acaso sabes lo que es sentirte enjaulada, enterrada viva? Me dirás que sí: tú estas ahora en prisión, pero tú estás ahí por algo que hiciste. ¿Qué hice yo para con las alas cortadas? No podía saludar a nadie por miedo a que te entrara un ataque de celos; no podía tener ni amigas: ya te encargabas tú de estropear todas mis relaciones con otras personas. Acabe encerrada en un piso, con la compañía de mis hijos, a los que también pretendías castigar a un infierno de soledad, ya que nunca los sacabas a pasear. Pero eso te debía parecer poca humillación, o poca demostración de tu poder sobre mí. Empezaron los empujones, los golpes en las paredes, los puños amenazantes….las violaciones. Los barrotes de mi jaula de oro (tu siempre decías que me tenías como una reina) cada vez estrechaban mas su cerco. Yo cada día me sentía más insignificante. No me atrevía ni a respirar en tu presencia, no fuera a ser que eso también te molestara. Daba igual, si no te molestaba mi respiración, te molestaban mis pasos, o una chaqueta en el sofá, o las verduras de la cena, hasta la risa de un bebé… ¿Cómo se puede tener celos de una personita que solo necesita amor de las personas que la engendraron? Llegué a ser transparente, sin personalidad, sin vida propia. Hasta un conejillo de indias tiene más autonomía que la que tenía yo. Él puede decidir cuándo quiere comer, dormir o simplemente no hacer nada. Yo no podía: comía, dormía y “me divertía” cuándo tú lo decidías. Llegó un momento en que, cuando abría los ojos a la mañana, me maldecía a mí misma por haberlo hecho, no quería vivir otro día mas así. No tenía ilusión por nada.
Tengo una curiosidad, ¿de verdad obtenías placer cuando me obligabas a acostarme contigo? Y eso no lo considerabas violación, sólo cumplir con mi deber conyugal. ¿Y tus deberes hacia mí? ¿Alguna vez tuviste la intención de cumplirlos? Y encima osabas decir que a los violadores les había que aplicar una ley especial. No puedo reprimir una carcajada acordándome. No te lo había contado. Si, vuelvo a sonreír, a reír, a soltar carcajadas. Tu atentado contra mi libertad fracasó.
Vuelvo a ser persona. Vuelvo a tener mi dignidad. Ya no soy invisible. Tengo personas alrededor que me quieren y me respetan. Tengo opinión, sueños, ganas de hacer cosas. Soy libre. Decido cuando como, cuando duermo, cuando me divierto… Ya no estás en mi vida, ni lo volverás a estar. Ya ni me acuerdo de tu cara. Eres alguien que paso por mi vida hace años. Ya no me puedes hacer nada. Capítulo cerrado. Escribo un libro nuevo. Ahora soy más madura, tengo más claro lo que quiero.
Algún día me volveré a enamorar: tengo claro que no todos los hombres son como tú. He pagado un precio muy alto por mi libertad, no me la volverán a arrebatar.
Ahora no termino ningún día sin ser feliz.
Ahora mi esencia está intacta.
Nós, sabemos escoitar e comprender, fai ti o mesmo!!!
Escrito por Aranxta na Revista de Fuco Buxán